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Descubre la catedral de León
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Visitar la Catedral de León

 

Las vidrieras de la catedral de León conforman uno de los conjuntos más importantes del mundo

La catedral de León comenzó a construirse en el siglo XIII siguiendo las pautas marcadas por el gótico francés. Se intentó levantar un templo transparente, inundado de luz, y se consiguió crear una de las más importantes colecciones de vidrieras medievales existentes en el mundo.

El inicio de las obras data de 1205, pero varios problemas de cimentación las paralizaron hasta que en 1255, con el impulso del rey Alfonso X el Sabio, se renaudaron para acabarse en 1302. El corto espacio de tiempo en que se levantó este imponente templo ha dejado una importante unidad de estilo, en el que los muros se convierten en luz gracias a los 1.800 metros cuadrados de superficie que ocupan sus vidrieras.

La visita se inicia por la portada situada bajo el rosetón de poniente. Son tres puertas dedicadas a San Juan Bautista, con un tímpano en el que se representa la Natividad, a la virgen Blanca, con el Juicio Final en el tímpano, y a San Francisco, con el Triunfo de la Virgen como tema esculpido en el tímpano.
La portada central tiene un parteluz con la imagen de la Virgen Blanca. La estatua original está colocada en la capilla central de la girola y la que luce en el exterior es una copia realizada en el siglo pasado por Andrés Seoane. Cuentan las crónicas que su gesto amable era muy apreciado por los peregrinos que se dirigían a Santiago.

En las jambas se acomodaban 23 figuras de apóstoles y personajes del Antiguo Testamento. Actualmente se encuentran en el claustro en espera de su restauración. Son obras de la segunda mitad del siglo XIII.

Al entrar en el templo nos sorprende no sólo la cantidad de luz que entra por todos los muros, sino la posibilidad de contemplarlo entero, desde los pies hasta la cabecera, debido a que el coro situado en la nave central en ningún momento interrumpe la visión del retablo central o de las vidrieras situadas en el ábside. Originalmente estaba situado en la cabecera, delante del altar mayor. En 1746 se trasladó a la nave central y en 1915 el arquitecto Cárdenas abrió un gran arco central para permitir la visión integral del templo. El trascoro fue trazado por Juan de Badajoz en estilo plateresco y cuenta con cuatro relieves en alabastro de Esteban Jordán.

La sillería del coro fue realizada entre los años 1461 y 1481 con madera de nogal y en estilo flamenco. En los sitiales están representados personajes de la Biblia y hay escenas críticas con la vida de los clérigos que rozan la obscenidad. Por encima de los asientos del coro se levantan dos órganos, situados uno enfrente del otro.

El coro si sitúa casi en el crucero de la catedral. En la pared derecha del crucero se encuentra el sepulcro de don Munio Álvarez. Si avanzamos por la nave de la epístola llegamos a la capilla de la virgen del Carmen, en al que se encuentra el sepulcro de Rodrigo Álvarez. A la izquierda y escoltando el altar mayor tenemos la puerta del Cardo, que servía para acceder al altar mayor desde la sacristía y fue construida en el siglo XV en estilo gótico isabelino.

En el altar mayor está situado el cofre de San Froilán realizado por Enrique de Arfe, miembro de una de las familias de plateros a las que se deben la mayoría de las monumentales custodias que sacaban desde las catedrales de España en las fiestas del Corpus. Detrás se sitúa el retablo mayor, compuesto en el siglo XIX con las tablas que quedaban del primitivo, pintadas por Nicolás Francés, a las que se añadieron otras del mismo autor de la iglesia de Palanquines y de la iglesia del Mercado de León.

Iniciamos la visita de la girola. En sus paredes que delimitan con el altar mayor encontramos pinturas murales de Nicolás Francés, como una piedad y un ecce homo. En el trasaltar se encuentra el sepulcro policromado de Ordoño II, uno los grandes reyes de León. En el tímpano que corona la composición funeraria se representa la crucifixión de Cristo. En ella Longinos clava una lanza en el costado de Jesús y se tapa el ojo porque le salpican gotas de sangre en el rostro.

Enfrente se sitúa la capilla de la Virgen Blanca, considerada como la cima de la escultura del siglo XIII en Castilla y León. La escultura es la que estaba situada en el parteluz de la portada del Juicio Final. La mirada de la Virgen, que sostiene al niño en su brazo izquierdo, era el primer bálsamo de consuelo que recibían los peregrinos a Santiago que accedían al templo.

A la izquierda se sitúa la capillla de la Virgen del Rosario o de la Esperanza. Contiene una imagen de la Virgen embarazada que fue tallada en el siglo XIII y policromada más tarde. La Virgen se lleva la mano al vientre enfatizando el realismo de la encarnación. Es un claro ejemplo del naturalismo realista que se introdujo en el arte a partir del siglo XIII, momento en el que la figura de la Virgen toma también una gran importancia entre los católicos.

Salimos de la catedral con la impresión de haber disfrutado de una de las maravillas ofrecidas por el gótico clásico, basado en la armonía y en la elegancia de las formas, con muros cada vez más altos y nervados, que iban abandonado la piedra para convertirse en fuentes de una luz que penetraba a través de más de 1.800 metros cuadrados de vidrieras.

La visita continúa en el claustro y el museo catedralicio. El claustro es ahora mismo un pequeño museo de escultura, puesto que acoge las estatuas de los pórticos que van a ser restauradas. En sus muros se conservan restos de pinturas de Nicolás Francés del siglo XV en los que se narran episodios de la vida de Cristo. El claustro se adosó a la entrada norte de la catedral entre finales del siglo XIII y principios del XIV, pero en el XVI Juan de Badajoz rehizo las bóvedas. En la visita se puede contemplar que la estructura es gótica, pero que se aprovecharon las sencillas líneas iniciales para introducir una decoración de filigrana.

En el museo, al que se accede desde una puerta del claustro, encontramos en varias salas desde un armario mudéjar, hasta una amplia colección de tejidos islámicos. Llaman la atención un cuadro de Cristo Crucificado de Mateo Cerezo, una imagen de la muerte del siglo XV, cantorales de los siglos XVI y XVII, una colección de botica de Talavera del siglo XVIII, una copia muy lograda del Descendimiento de Rubbens, un Ecce Homo de Gregorio Fernández, una Natividad pintada sobre cobre y atribuida a Bassano, una Sagrada Familia de Salcillo y una custodia en oro y plata del siglo XIX.

Pero, sin duda el gran tesoro de la catedral de León, está en sus muros y en la luz que dejan pasar sus 1.800 metros cuadrados de vidrieras que, junto con las de Chrartres, conforman una de las mejores colecciones del mundo. Realizadas entre los siglos XIII y XVI, aunque algunas fueron sustituidas por otras nuevas en el siglo XIX, se encuentran ahora en un proceso de restauración.

Las obras nos permiten subirnos a una plataforma situada sobre los muros del triforio del primer tramo central, a 16 metros sobre el suelo, y justo debajo del rosetón de poniente. Se accede por una escalera de obra desde el exterior del muro y se penetra en el templo por uno de los ventanales cuyas vidrieras están en proceso de restauración.

La plataforma nos ofrece un marco espectacular, tanto por la cercanía a los grandes ventanales como por la visión diáfana del interior del templo. Una vez recuperado el aliento de la subida por la escalera y acostumbrados a la espectacular visión del templo, un guía nos explica la diferencia entre las vidrieras originales y las más modernas, el proceso de restauración y los elementos de protección que se están añadiendo al instalarlas. La visita finaliza con un documental sobre las técnicas de restauración.

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