
La catedral de Burgos está considerada una de las cumbres del gótico europeo. Es también la única catedral de estas características construida sobre una ladera. Gracias a estos desniveles podemos disfrutar de la Escalera Dorada ideada por Diego Siloé para salvar el desnivel entre la puerta Alta y el templo y de las escaleras que dan acceso a la puerta del Sarmental, justo enfrente. La unión de ambos desniveles nos da idea de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse los arquitectos para adecuar la construcción al terreno del tercer templo más grande de España.
Es una catedral que no deja de mirar al cielo. Las agujas de las dos torres de la fachada principal, del cimborrio y de la capilla de los Condestables apuntan todas en la misma dirección, como si quisieran conectar la ciudad con las más altas divinidades. También en lo más alto del arte gótico se encuentran las joyas que alberga en su interior.
Fundada por el arzobispo Mauricio en 1221 bajo el reinado de Fernando III el Santo y declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, presenta una planta de cruz latina, con tres naves, un crucero y una girola en la cabecera. Este primitivo diseño gótico de comienzos del siglo XIII fue enriqueciéndose con una serie de capillas funerarias laterales, que alcanzan su máximo esplendor en la de los Condestables, construida justo detrás del retablo mayor.
El recorrido marcado por la guía que nos ofrecen con las entradas (7 euros) se inicia por la puerta del Sarmental. El horario de visita es de 10.00 a 19.00 horas. Antes de llegar al crucero, que nos sorprende por la cantidad de luz que entra por el cimborrio, giramos a la izquierda hasta llegar a la entrada de la puerta de Santa María. Si nos colocamos de espaldas y miramos a la izquierda y arriba podemos contemplar el popular Papamoscas, reloj del siglo XVI que tiene dos figuras humanas que se mueven al dar las horas y los cuartos. Pasamos por la barroca capilla de Santa Tecla y Santiago y llegamos a la capilla de Santa Ana, una de las joyas que alberga el templo. Construida por Juan y Simón de Colonia a finales del siglo XV, cobija un espectacular retablo gótico-flamenco de Gil de Siloé.
Al lado nos encontramos con la Escalera Dorada, proyectada en 1519 por Diego de Siloé en el más puro estilo renacentista italiano. A la salida nos dirigimos al centro del templo, donde se encuentra el sepulcro del Cid y doña Jimena bajo el cimborrio octogonal del templo sustentado por cuatro grandes pilares circulares.
La cúpula que alberga el cimborrio es un prodigio de la técnica y el arte renacentista de mediados del siglo XVI, con detalles mudéjares y platerescos. Son dos pisos calados por grandes ventanales que permiten el paso de una gran cantidad de luz concentrada. Una legión de esculturas adornan sus balconadas.
Cuando bajamos la vista podemos ver el retablo mayor, obra de los hermanos Rodrigo y Martín de la Haya terminada en 1586. Detrás está el coro, compuesto por 103 sillas talladas en nogal por Felipe de Vigarny en el siglo XVI. Pasamos por la capilla de la Natividad, de la Anunciación y de San Gregorio para desembocar en otra de las grandes joyas de la catedral: la capilla de los Condestables. Edificada entre 1482 y 1517 por Simón y Francisco de Colonia, sus grandes dimensiones y los grandes tesoros que alberga la sitúan como una catedral dentro de otra catedral. Fue encargada por Pedro Fernández de Velasco, condestable de Castilla, para su enterramiento y el de su esposa. Está cubierta por una extraordinaria bóveda estrellada bajo la cual destacan los sepulcros de alabastro de los condestables y el retablo mayor, obra de Felipe de Vigarny y Diego de Siloé. Al salir no debemos pasar por alto ni la riqueza de la reja, de Cristóbal de Andino, ni la portada gótica de Simón de Colonia.
Una vez fuera nos encontramos con los cinco retablos de piedra que forman la girola de la nave mayor, de Felipe de Vigarny y de Alonso de los Ríos. De ahí accedemos a los claustros, dos pisos adaptados al desnivel del edificio. En una de sus capillas se encuentra el legendario cofre del Cid, o cofre del engaño porque según la tradición el Campeador se lo entregó a los judíos Raquel y Vidas lleno de monedas, cuando en realidad estaba repleto de arena. También pueden contemplarse una virgen y un sepulcro románico. El museo catedralicio reúne una colección de esculturas, pinturas y orfebreria. Sobresale un cáliz del siglo XV procedente de la capilla del Condestable y la Cruz Metropolitana, obra de Juan de Arfe.
La catedral de Burgos abre también una puerta al arte contemporáneo con exposiciones temporales en el patio del claustro y en depedencias adyacentes. Quien quiera profundizar en la evolución arquitectónica, histórica y religiosa de la catedral puede visitar en el claustro bajo el centro de interpretación, donde encontrará maquetas, planos, paneles y proyecciones audiovisuales. Nadie debe perderse la contemplación del cimborrio desde el incomparable marco del patio interior del claustro.