
Algunos investigadores y estudiosos han llegado a afirmar que el templo de Borobudur, a vista de pájaro, se asemeja a un mándala budista, un diagrama o una representación simbólica típica que algunas religiones orientales utilizan para explicar gráficamente su cosmogonía. Esta teoría refuerza las tesis que afirman de la complejidad simbólica de este templo de la isla de Java y del soberbio trabajo de quien fue confiada su arquitectura: el apenas conocido Gunadharma. Con la decadencia de los reinos hinduistas y budistas de Java y a pesar de su grandilocuencia, el templo de Borobudur fue abandonado progresivamente entre los siglos XI y XIV por la masiva conversión de la isla al Islam.
Además por las sucesivas erupciones del volcán Merapi que sepultaron gran parte del templo y el crecimiento salvaje de la selva a su alrededor, que se encargó de cubrir el resto Borobudur quedó abandonadamente oculto.
No volvería a recuperar su antiguo esplendor hasta que fue redescubierto por los ingleses durante un dominio que fue breve durante el siglo XIX. Luego, los posteriores gobiernos holandeses e indonesios se encargaron de un lento pero efectivo proceso de restauración.
Vamos a ir conociendo a la otra gema de la arquitectura indonesa. Es el templo hinduista de Prambanan, que queda bien cerca de Borobudur: solo está a poco más de 30 kilómetros y es un vasto complejo construido en torno al año 850 por algún rey que aún no se ha podido determinar y que perteneció a algunas de las dinastías de Mataram o de Sanjaya. El templo de Prambanan se yergue orgulloso por los centenares de pequeños santuarios que le dan forma y pese a que muchos de ellos están en ruinas por el abandono y las catástrofes naturales no opacan el imponente edificio principal dedicado a Shiva, el dios destructor.
Seguimos hablando del colosal templo Borobudur en la hermosa y enigmática Isla de Java en Indonesia, ya que se conoce poco de sus orígenes porque hay mucho de historia y leyenda que se confunde con la niebla del tiempo. El templo Borobudur se construyó durante el reinado de los Sailendra, la influyente aunque fugaz dinastía de la época, la que pretendió reflejar de una forma sintética aunque inteligente las múltiples facetas del complejo método budista. Los 9 pisos del Borobudur representan cada uno de los estadíos dentro del ciclo de las reencarnaciones budistas y que concluyen al alcanzar el nirvana, que se representan cuando accedemos a la parte superior.
Según lo que se indica en esta historia viva transformada en templo, las cuatro primeras terrazas, que tienen una forma rectangular, simbolizan las etapas terrenales. Es por eso, que, sobre todo en los dos primeros balcones, están llenos de bajorrelieves con escenas eróticas.
Luego, conforme ascendemos por las empinadas escaleras que nos van llevando por las cuatro caras del templo (en una tarea que asemeja ser tan ardua como lo es el “Camino hacia la Iluminación” que solicita el budismo) las pulsiones y los deseos se van superando y por fin llegamos a las tres terrazas superiores, las que tienen planta circular y solidificadas de estupas acampanadas, nos significan las etapas celestiales y se coronan por una gran estupa vacía. Este es un hecho que creó múltiples habladurías y largas especulaciones puesto que estos elementos arquitectónicos tradicionalmente contienen reliquias. Aclaramos que las estupas son monumento funerario de peregrinación. Las otras estupas están perforadas creando ligeros dibujos geométricos dejando ver en su interior estatuas de Budas sedentes. En total son 2.672 bajorrelieves que contiene Borobudur a lo largo de sus nueve pisos o plantas, y fueron tallados in situ siendo una de las principales atracciones del santuario.
Borobudur es para arqueólogos e historiadores un tesoro de valor incalculable que describe los principios fundamentales del budismo con detalles increíbles y preciso y los entremezcla con escenas cotidianas de la cultura javanesa de hace alrededor de un milenio en una vistosa pero inmóvil procesión de reyes, budas, guerreros, bailarinas, elefantes y músicos.