
Bohemia, además de una persona inconformista, libre y no convencional, es una de las tres regiones históricas que componen la República Checa. Una comarca de densos bosques, montañas alomadas, famosas fábricas de vidrio y ciudades balneario tan bellas y bien conservadas que parecen sacadas de una melodía de Chopin o de una ópera costumbrista de Rossini. Karlovy Vary y Mariánské Lázně son los dos más elegantes y famosos.
El balneario más chic
Karlovy Vary fue el balneario más chic de Centroeuropa desde el siglo XVIII hasta principios del XX. Una especie de decorado de cuento de hadas encajado en un estrecho y alargado valle por el que discurre el río Teplá. Por este lugar de recreo se dejaba caer la jet-set y la intelectualidad del momento, entre ellos el poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe, cliente asiduo de la pensión U Tri Moureninu (Los tres moros). Las calles cuajadas de edificios barrocos, art noveau y neoclásicos que vemos ahora y la unidad arquitectónica casi perfecta del centro histórico de Karlovy deben ser muy similares a las que disfruto el autor de Fausto. A buen seguro que Goethe dio largos paseos por la bellísima Promenade a lo largo del río Teplá armado con su jarrita de porcelana en forma de pipa, características de Karlovy Vary, para tomar las aguas de alguna de las 13 fuentes medicinales que manan en el casco urbano. Cada una con temperatura y propiedades diferentes, según explican entusiasmados los karlovaraci a los forasteros que preguntan qué mas da tomar agua de una fuente que de otra, si parece que toda sabe igual.

Karlovy Vary
El emperador, de cacería
Karlovy Vary (las termas de Carlos) deben su nombre al emperador del Sacro Imperio Romano-Germánico Carlos IV, quien en 1370 mientras estaba de cacería descubrió unas fuentes de aguas termales en un paraje bucólico. Sus aguas le curaron una dolencia de rodilla, por lo que mandó construir un castillo junto al geiser del que manaba –y sigue manando – ese agua milagrosa a 74 grados centígrados. Hoy, esa misma surgencia está cubierta por una galería acristalada, un tanto pastiche, construida en época soviética. Desentona con el espíritu decimonónico del resto de fachadas, pero que es muy frecuentada por pacientes y curiosos que buscan sus milagrosas propiedades.
Para cenar y dormir
En Karlovy Vary hay que ir a cenar al Embassy, uno de los mejores restaurantes de la ciudad y favorito de las estrellas que acuden cada año al Festival de Cine de Karlovy Vary. Otro lugar más barato y con una agradable terraza es el restaurante del hotel Salvator, en la calle-salón principal. De precio medio y excelente comida checa es el U Svejka, también en pleno centro histórico. El hotel más antiguo y glamoroso es el Grand Hotel Pupp, el de toda la vida de Karlovy Vary. Un cinco estrellas en el que no te extrañaría si te cruzas con Sissi Emperatriz en el ascensor.
Mariánské Lázně
Los baños de la Virgen María (eso significan en checo) es otro de los grandes y famosos centros termales de Bohemia, a unos 44 kilómetros al sur de Karlovy Vary. Lleva más de 200 años de historia -incluidas guerras, revoluciones e invasión soviética- cumpliendo esa misma misión. Mariánské Lázně es una ciudad atípica porque el 90% de sus edificios son hoteles y termas construidos en torno a una serie de fuentes termales.
Cada hotel, cada edificio de baños, cada iglesia y cada galería porticada (las célebres kolonadas) son diferentes, pero todos guardan una unidad de estilo, entre el art noveau y el neoclasicismo; y una misma gama tonal: amarillo y blanco. El resultado es un gigantesco y elegante pastel arquitectónico a donde ha ido la nobleza y la burguesía centroeuropea desde hace dos siglos a veranear, a tomar las aguas y a relacionarse con sus pares.

Mariánské Lázně
Los veraneos de Chopin y Wagner
En Mariánské Lázně veraneaban Chopin (a quien está dedicado el festival de música que cada verano se celebra en el salón de Mármol del hotel Nové Lázně, Wagner (que compuso aquí Lohengrin), Kafka, Freud, Strauss, el ya citado Goethe, o el mismísimo Jorge VII de Inglaterra, para el que se construyó una cabina especial de baños en el hotel Nové Lázně que aún se conserva y se visita.
En Mariánské Lázně encontrareís todo tipo de alojamiento, desde sencillas pensiones al histórico hotel Pacifik o al elegante Nové Lázně. Para tomar unos baños lo mejor es la piscina del hotel Nove Lázně. Y para un capricho, la Cabina Real de Jorge George VII, abierta al público tal cual estaba en 1905 y al módico precio de 40 euros por baño.