
Mezquitas, madrasas y puertas labradas con profusión de detalles se aparecen en cada rincón al viajero que decida extraviarse a propósito por una maraña inmensa de callejones y recodos que parecen no llevar a ninguna parte. La mayor medina del mundo musulmán abre sus puertas las 24 horas de los 365 días del año. Así es Fez, así es la ciudad más especial de Marruecos…
La puerta a la medina
Todo comienza en la Puerta Bab Bou Jeloud, punto de encuentro de quienes estamos dispuestos a dejarnos llevar por la ciudad antigua (y por los falsos guías a quienes conviene evitar). Con tres arcos de herradura, teñida de azulejos, se desmarca como el lugar en el que emprender la marcha hacia las calles de la Medina. Es entonces cuando el camino se bifurca y el viajero debe escoger entre dos calles, Rue Talaa Kebira y Rue Talaa Seghira. Ambas son recomendables y si se tiene tiempo para ello, merece la pena tomar las dos, pero quizás la primera es más interesante por tratarse de un bazar en toda regla. Allí, entre comercios, gente (y animales) caminando entre estrecheces, es fácil perder la noción del exterior incluso pese a ver el cielo. Donde lo bueno, bonito y barato se hace arte y a uno le gustaría traerse todo de vuelta a casa.
Mezquita de Qarawiyyin, centro espiritual de Fez
Tanto Talaa Kebira como Talaa Seghira terminan llegando prácticamente al mismo sitio. Varias madrasas e incluso un mausoleo anteceden al que probablemente sea el corazón tanto físico como espiritual de Fez, la Mezquita de Qarawiyyin o de Kairouan, que es la primera de las cientos que pueblan la ciudad, donde la llamada a la oración suena antes que en ninguna otra.La mezquita Qarawiyyin fue fundada en el año 859 por tunecinos procedentes de Kairouan precisamente, que tuvieron que huir y refugiarse en Fez. Algo que fue sucesivo en siglos posteriores con la llegada de árabes andalusíes, judíos y moriscos expulsados de la Península Ibérica a partir de la orden dada por los Reyes Católicos. Así Fez fue un conglomerado cultural desde muy pronto, y se dice que entre los siglos XII y XIII pudo haber sido la ciudad más poblada de todo el mundo. Y una de las más eruditas, puesto que la propia mezquita pronto alojó la universidad más antigua que se conoce, con una colección de libros y manuscritos que en 1613 superó la cifra de 300.000 ejemplares.
Cuando perderse es la clave para disfrutar de la ciudad
Qarawiyyin, madrasas y monumentos aledaños están tan cercados por los callejones y mercados que se antoja complicado darse cuenta de ellos hasta que te asomas por la puerta o escuchas los cantos del almuecín. A partir de ese punto el laberinto se vuelve mucho más loco y resulta tremendamente sencillo perderse, en el sentido literal de la palabra. Pero no debe cundir el pánico, será el momento perfecto en el que nos demos cuenta de cómo es la ciudad en todo su caótico esplendor. Surgirán escenas y escenarios, diálogos y sorpresas… ya que en perderse por el laberinto está la virtud de conocer Fez. Ése es el premio.
Las curtidurías
Al final entre señales, mapas a priori inservibles e indicaciones sordas provenientes de algún amable ciudadano o alguien que desea le hagas una visita en su tienda de alfombras se suele llegar a las curtidurías. Lugares donde se produce y se tinta el cuero a partir de las pieles de las vacas, cabras o los propios camellos que se crían en las puertas del desierto, lejos de allí. La curtiduría Chouwara es una de las más tradicionales y a la vez populares. La fotogenia de sus cubas rellenas de pinturas son un deleite para los fotógrafos que se apostan en los balcones. Aunque entre foto y foto convenga llevarse a la nariz una ramita de hojas de menta o hierbabuena con la que paliar el pestazo de los productos químicos (excremento de paloma incluida) con las que se tratan las pieles. Puzzle de colores, aromas fétidos y la ardua labor de quienes no dudan meterse hasta las rodillas en dichas cubas para desarrollar un trabajo que luego se vende a los turistas.
Un barrio andaluz en la medina
Mucha gente desconoce que profundizando más allá de Qarawiyyin hay otra mezquita conocida como “la de los andaluces”, coetánea con ésta. Incluso es el centro del barrio andaluz, nacido de las oleadas de árabes andalusíes en pleno Siglo IX. Un minarete verde y blanco sirve de farol a un barrio enmarañado que se oculta en las profundidades de la medina más grande del mundo.
Cuando se habla de la medina de Fez se trata casi siempre de Fez el-Bali (Fez vieja), pero la ciudad tiene dos porciones más, Fez el-Jdid (La nueva medina de Fez) con un mellah o judería realmente interesante, y la Ville Nouvelle, mucho más moderna y con avenidas, bulevares y cafés muy a la francesa.
Para rematar una visita a Fez lo más recomendable es acabar la tarde en las tumbas merínidas que se observan vigilantes en la colina que abriga la ciudad vieja porque desde allí las vistas más magistrales de la medina se mezclan con las llamadas a la oración.