
Tailandia es un país mayoritariamente budista, profundamente religioso y muy conservador. Con una cultura y tradiciones fuertemente arraigadas, donde la familia es sagrada y la figura de la madre se venera. Donde a los niños se les educa infinitamente mejor que en occidente y donde los ancianos reciben un trato, una atención y un respeto que ya quisiéramos para nuestros mayores. Para que nos hagamos una idea, un tailandés que visitara nuestro país y experimentara nuestra sociedad quedaría escandalizado y sin duda nos tendría por bárbaros y crueles.
Comparado con los países de la zona geográfica donde se encuentra, Tailandia es un país desarrollado. Posee unas infraestructuras bastante aceptables, buenas carreteras en todo el país, aeropuertos, trenes. Las últimas tecnologías como móviles, Internet, etcétera está disponible desde hace años y es ampliamente utilizada. Un sistema de asistencia sanitaria básico pero funcional que cubre a toda la población. La educación básica es obligatoria y está disponible para todos los ciudadanos, hay buenas escuelas incluso en las más remotas aldeas. En el plano turístico posee una infraestructura excelente, tanto en cantidad como en calidad.
Si hay un país sobre el que se tienen prejuicios, ese es Tailandia. Su fama en materias como turismo sexual es internacionalmente reconocida y en cierta medida bien ganada. Para mucha gente Tailandia y prostitución son palabras sinónimas. Los reportajes televisivos sensacionalistas no han hecho sino reforzar esa imagen. Reportajes que en su inmensa mayoría manipulan y dan una visión sesgada de la realidad del país, centrándose en los aspectos más escabrosos y buscando siempre el morbo, que al fin y al cabo es lo que vende.
Nunca deja de maravillarme la soberbia (por cierto, pariente queridísimo de la ignorancia) que tenemos los occidentales para opinar y juzgar sobre lugares y gentes de los que en realidad nada sabemos. Solo por haber visto algún documental y/o haber escuchado algún comentario soez, ya nos consideramos capacitados para emitir juicios de valor. La industria del sexo existe, no cabe duda, pero en proporción solo representa una pequeña parte del tejido social, una pequeña parte que ensombrece y oculta el contexto global.
La realidad del país es bien distinta y quien se moleste en salir del circuito típicamente turista lo podrá comprobar. Nos encontraremos con un país esplendido y de muy diversas caras, de tradiciones milenarias, de grandes contrastes y que no dejará nunca de sorprendernos. Para los más aventureros o simplemente curiosos os propondría que dejarais el circuito típico de Bangkok, Pattaya, Phuket y Chang Mai y simplemente viajéis por el interior del país, donde no veáis “farang” (extranjero occidental en idioma tailandés) por miles. Ciudades como Hat Yai en el Sur, Ubon Ratchanthani y Mukdahan en el Noreste y tantas otras. Explorar las zonas rurales, los pueblecitos y pequeñas poblaciones. Sólo ahí encontraréis el país en su autenticidad.